23 de septiembre

A mí no se me podría olvidar una fecha importante, como el día del mes en que nos hicimos novios, o el cumpleaños de mi mamá, la excepcional autora de mis días… Y no es que tenga un disco duro bien afilado. Es que hay fechas que se tatúan en las paredes del corazón y no se borran, así pasen tsunamis, terremotos o trombas marinas… Puede que sea malo olvidar, pero ya veo que también es un problema “acordarse”. Al parecer, estos tiempos son más desenfadados, de menos compromiso, más musicales… En pocas palabras, no está de moda andarse con detalles. Ya lo he comprobado en carne propia y en carne ajena. Debo parecerte anacrónico, un personaje salido de una novela de Turguéniev. Y entonces llego a cuestionarme la razón de ser de este blog y si en realidad mi perfil se asemeja más al de un “amigo con derecho” –tema que ya discutimos y dejamos atrás. Ya ni sé si deba seguir “posteando”. En lo que decido qué hacer, me despido evocando el sabor de los chocolates (del segundo piso) que no me comí y con estos versos del mexicano Amado Nervo:

Pobres páginas, que ansiaron
con la mayor de las ansias
decir tan intensas cosas
y al fin no dijeron nada.
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