Make love, not war…

Haz el amor y no la guerra, dijo John Lennon. Y a la mente me viene esa imagen suya y de Yoko Ono desnudos en una habitación del Hotel Hilton en Amsterdam, rodeados de fotógrafos y periodistas. Y esa frase es aplicable a todos los ámbitos del ser humano, tomada literalmente o no… De ahí se deriva que los problemas afectivos influyen de manera directa en la vida sexual de la pareja. No se puede disfrutar a plenitud en la cama cuando el trato entre los miembros de la pareja no es el mejor, el ideal.

A veces, luego de hostilidades manifestadas y de pasar ciertas fronteras, es complicado hacer borrón y cuenta nueva. Pero siempre que se quiere, se puede. Esa es la función del amor…, y no voy a empezar a decir qué es amor y qué no, para que nadie vea herida su sensibilidad y se sienta mal leyendo «un blog kitsch, cursi, simplón, tonto, etc…» Cuando hay amor, todo es posible, así de sencillo.

Solemos decir que cuando alguien está de mal humor o con visible insatisfacción, es porque le hace falta un buen «revolcón». No es un secreto que la práctica del sexo hace que estemos más relajados, más contentos, más amables y de mejor humor. Los expertos coinciden en que las relaciones sexuales efectuadas con consenso son, en sí mismas, capaces de generar amor y un ambiente agradable.

No se trata de las relaciones puramente genitales y en las que más que compenetración todo se queda en «simple penetración». Implica el mantenerse cercano a otra persona y en íntima relación con ella. He ahí el meollo. Al experimentar intimidad, al sentir la conexión con la otra persona y al mostrar una atención mutua se pueden producir cambios neuroquímicos y hormonales que favorecen la salud del individuo. Lo dicen los científicos y yo les creo porque lo he experimentado. ¿Y tú?

Amores de chocolate

Dicen que cada cual busca la pareja que se cree merecer. No sé cuánto hay de cierto en eso. Al menos, desde el punto de vista del que escribe, eso puede resultar fácil. Lo difícil es cuando uno encuentra la pareja –que cree merecer–, esta puede no está convencida, o puede tardar en convencerse, de que uno sea la pareja que ella cree merecer. Parece que se enreda la cosa, pero no, es bastante simple.

Pero miren lo que encontré navegando por Internet:

«El affair de la feniletilamina con el amor se inició con la teoría propuesta por los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz, del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, que sugirieron que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de feniletilamina y que sería la responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando estamos enamorados. Sospecharon de su existencia mientras realizaban un estudio con pacientes aquejados ´de mal de amor´, una depresión síquica causada por una desilusión amorosa. Les llamó la atención la compulsiva tendencia de estas personas a devorar grandes cantidades de chocolate, un alimento especialmente rico en feniletilamina, por lo que dedujeron que su adicción debía ser una especie de automedicación para combatir el síndrome de abstinencia causado por la falta de esa sustancia. Según su hipótesis, el centro de placer del cerebro comienza a producir feniletilamina a gran escala y así es como perdemos la cabeza, vemos el mundo color de rosa y nos sentimos flotando.»

Conclusiones: A veces quisiéramos ser el chocolate de alguien, a veces quisiéramos saber tan bien como el chocolate para que alguien se digne a darnos un mordisco, una lambida… En fin, ser el centro de placer de alguien.

El amor es una enfermedad

A estas alturas de la vida ya no cabe duda: el amor es una enfermedad. Razones han tenido los estudiosos para llegar a semejante conclusión. Ya el amor es un campo de estudio bien definido, con su propio ámbito de acción. Sus padecimientos, goces y manifestaciones se esconden en la que algunos llaman telaraña de nudos y filamentos, o sea, el sistema nervioso autónomo.

Aquí se asientan el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento. Todo es impulso y oleaje químico. Los nervios microscópicos trasmiten los impulsos a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas sudoríparas del cuerpo. El organismo entero está sometido al bombardeo que parte de este arco vibrante de nudos y cuerdas, desde el delicado músculo intestinal y las glándulas lacrimales hasta la vejiga y los genitales.

Las órdenes se suceden a velocidades insospechadas: constricción, dilatación, secreción, erección… Todo es urgente y efervescente. Aquí no manda el intelecto ni la fuerza de voluntad. Es el reino del «siento, luego existo» de la carne, las atracciones y repulsiones primarias, el territorio donde la razón es una intrusa.

Me haces tanto bien / La química y el amor…

Quiero dedicarte esta entrada a ti, precisamente a ti que tan “bien” te portaste ayer. By the way, si te portas mal, me invitas… Me hiciste tan feliz, confiaste en mí, vas cediendo ante la fuerza de la entrega, te vas familiarizando con la tabla periódica, la química va dejando de ser una asignatura engorrosa… Gracias por querer ser buena estudiante, aunque en cuestiones de amor y sensualidad es mejor dar rienda suelta a la imaginación y la espontaneidad. Gracias por dejar que la química por sí sola haga su parte.

¿Sabes? Las distintas manifestaciones y etapas del amor se corresponden con diferentes sustancias químicas en el cuerpo. Los expertos en la materia han concluido que el deseo ardiente de sexo está unido a la testosterona, mientras que la atracción y el amor en la etapa de euforia, así como el sentirse involucrado emocionalmente, están relacionados con altos niveles de dopamina y norepinefrina y bajos niveles de serotonina. El vínculo y la atracción que evolucionan hacia una relación calmada, duradera y segura tienen que ver con la oxitocina y la vasopresina.

¿Qué te parece? Más adelante te hablaré de los cambios bioquímicos que se producen en el organismo de dos seres humanos cuando quedan “enganchados”, cuando descubren la gran necesidad de interactuar y conocerse más.

Y para que veas lo horny que me pone pensar en ti, te dedico este video, con pelos y señales. De Amistades Peligrosas, Me haces tanto bien:

Enséñame a bajar tu cremallera
Ya sabes dónde voy.
Ya sabes que he pasado la frontera
Arrancando algún botón.
Que tú ya sabes que te pido más madera
Y tú pides más nivel.
Ya sabes cómo mantener mi hoguera
Ya sabes cómo se ahuella mi piel.
Que tú me quemas con la punta de tus dedos.
Tus manos en mi piel.
Me quemo con tu lengua que es de fuego
La sangre hierve, ¿o no lo ves?

P.S. I oxitocine you…