Derribar las barreras mentales para practicar la vida

Cayena.com.do

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La discapacidad ha sido percibida en distintos  períodos históricos y civilizaciones y descrita como una realidad humana. Debemos entender que más que un impedimento físico tenemos una deficiencia sobre la vida, de amar sin condiciones, esa discapacidad que nos lleva a menospreciar al otro. Es tiempo de formar una red en la que todos seamos responsables del otro, donde no exista egoísmo y construyamos un mundo más tolerante, lleno de oportunidades y digno para todos los seres humanos.

Para leer el artículo completo de Franz B. Comarazamy, entra a Cayena.

Con la convivencia a cuestas

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Cayena comienza la semana con un interesante artículo de Franz B. Comarazamy, sobre el difícil arte de convivir, un aspecto de la vida de muchas personas que comparten el mismo techo con otras generaciones, pero que en resumidas son la familia.

Aunque en la actualidad tiende a escasear el modelo familiar que reúne a tres generaciones bajo un mismo techo, la convivencia de padres, hijos y nietos es un tema que no pasa de moda. Cuando por alguna razón resulta difícil demostrar respeto y tolerancia a los demás miembros de la familia, surgen los conflictos y el hogar se transforma en un campo de batalla.

Belkis vive con sus padres, sus abuelos, su hermana mayor y sus tres sobrinos. A sus 25 años ha pensado en más de una ocasión emprender camino por su cuenta, lejos del hogar paterno, pero el fruto de su trabajo apenas le da para pagarse los estudios universitarios. Mudarse sola aún no es una opción. No le queda otro remedio que adecuarse a vivir en un apartamento con su numerosa familia, en medio de choques generacionales.

Puedes leer el artículo completo en la sección Planeta Mujer de Cayena.com.do. (Ilustración: Leticia Ceballos)

Y después del parto… ¿qué?

Cayena pone en portada hoy un artículo sobre las relaciones sexuales después del parto. Otra vez Adela Doré nos premia con una ilustración. Puedes acceder a la sección Planeta Mujer con un click aquí o en la foto.

A estos cambios se suman el cansancio y la depresión tras la euforia del nacimiento, que en ocasiones provocan disminución del apetito sexual y desinterés en intimar con el cónyuge. El cuidado del bebé las 24 horas y una rutina física agotadora -sobre todo para las primerizas-, suelen obstaculizar los placenteros encuentros de pene y vagina.