Google rinde homenaje a Norman Rockwell

Hace 116 años nacía en Nueva York el célebre Norman Rockwell, ilustrador, fotógrafo y pintor que saltó a la fama por sus imágenes cargadas de ironía y humor. De pequeño dio muestras de un gran talento para el dibujo. Los acorazados que pintó a temprada edad gustaron mucho a los niños de su vecindario. Por el año 1908 descubre que su verdadera vocación es la ilustración, y decide asistir todos los días a las clases de arte de la Chase School, en Manhattan. A los 15 años abandona definitivamente los estudios para ir a la National Academy School, donde hacía copias de vaciados en yeso, costumbre propia de muchos artistas del siglo XIX, a modo de aprendizaje.

En 1910, Rockwell se trasladó a la Art Students League, donde aprendió anatomía e ilustración. Allí perfeccionó sus conocimientos previos, con maestros como George Bridgman o Thomas Fogarty. Pero su carrera ha quedado inmortalizada por su empleo como ilustrador oficial del Saturday Evening Post, una revista de actualidad y sociedad, para la que trabajó hasta 1963. Sus portadas, anuncios, ilustraciones y demás publicidad fueron repetidas e imitadas hasta la saciedad. Realizó publicidad para McDonald´s, Coca-cola, cereales, chicles, neumáticos… Rockwell falleció el 8 de noviembre de 1978, en Stockbridge.

Rojo cinabrio

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«Naturaleza muerta con cebollas y botella» de Paul Cézanne
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ROJO CINABRIO

Cézanne no murió de hambre,
Sed o tristeza.
Tampoco murió
Por un coma diabético; ni siquiera
Se murió de la risa.
Cézanne
No murió de insolación, vergüenza
O falta de espíritu.
Ni siquiera de amor.
Cézanne no murió
Por devorar tantas guindas ácidas
En una sola tarde
Ni por padecer insomnio diurno;
Mucho menos por el deslumbramiento
Del blanco titanio
O por el rostro cenagoso de sus paisanos
(La muerte ni lo impresionaba).
Cézanne no murió de abandono, soledad
O por no tener suficientes bártulos
Que liar para su lenización de lo calcáreo
O por dejar de tener las resmas necesarias
Para el juego de sus manos pigmentadas;
Cézanne no murió por caminar demasiado
O por querer avanzar en demasía
Hacia lo imposible;
Ni siquiera por carecer de casa, calor
O de amigos labriegos.
No murió Cézanne de muerte natural,
Artificial o accidental
(Sabía desmayarse/
Desvanecerse entre los viñedos);
Tampoco por sentir con la percepción;
Tampoco por pensar como el melocotón
(De manera aduraznada ser y ver),
No por abandonarse bajo la lluvia nocturna
Ni por mirar fijamente el infinito
Imperfecto
Ni por debatirse tanto
Entre la angustia y la angustia.
Cézanne jamás murió.
Se la pasó agonizando
Pero nunca murió,
Salvo en la luz y el color
Que son eternas.

(Carlos Oliva ©)

Carlos Oliva (1960-1994), poeta peruano, fundador del grupo poético Neón… Más información aquí.