Cuando los besos cuelgan de elevados andamios

Hoy pagué cara mi demora. Me perdí lo que más he estado deseando desde que nos despedimos el viernes: poseerte, besarte (mucho), seducirte, ser tu dueño quién sabe por cuántos minutos que pudieron saber a gloria. No sé si conformarme, lo que pasó –o lo que no pasó– es parte del pasado y no se puede llorar por lo que ya fue –o lo que no fue. Hoy me traicionaron las circunstancias, esas mismas que pueden jugar en tu equipo o hacerte la guerra más feroz. Hoy la frustración bajó en un ovni sin avisar y se parqueó a mi lado. Que no piense que va a echar raíces aquí. De alguna manera tengo que desterrarla. Hoy la gloria nunca llegó. Los besos quedaron colgando de un andamio más alto que mis deseos magullados.

(Lunes, 8:21PM. Antes de la conversación más o menos esclarecedora.)