Mira, Luna, el día más hermoso…

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Las palabras no serían suficientes para expresarte toda mi gratitud y orgullo de ser tu hijo.  Aunque este cumpleaños tuyo no lo celebramos juntos, sé que pronto nos veremos y acabaremos con medio mundo, como solemos hacer. Eres el regalo más preciado que he podido tener en la vida. Tanta deuda de amor, ¿como la voy a pagar? Mi madre hermosa y magnánima, déjame tararearte esta melodía, una de tus favoritas. De tu tocaya Ana, «Mira Luna».

MIRA LUNA

Mira Luna
Las olas vienen y van
Como quieres tú
Que yo me siente a esperar.

Mira Luna
Si ando de acá para allá
De la bruma igual
Me viene la claridad.

Mira Luna
Me espanta tu frialdad
Ríes al pensar
Que te podamos amar.

Mira Luna
Sé que te han visto llorar
A escondidas
Por la aurora boreal.

Me siento bien
Cuando tú estás
Porque me hace guiños de neón
La ciudad.

Me siento bien
Cuando tú estás
Te amo casi tanto como al Sol
Algo más.

Mira Luna
Cuando te vayas el mar
Las mareas ya
No hay quien las pueda parar.

Mira Luna
Todos los locos de atar
Te saludarán
Por si les quieres mirar
Por si te dejas amar
Sin pagar.

Me siento bien
Cuando tú estás
Porque me hace guiños de neón
La ciudad.

Me siento bien
Cuando tú estás
Te amo casi tanto como al Sol
Algo más.

Mira Luna
No puedo ver que hay detrás
Ha de ser verdad
Que seas puro metal,
No es verdad.

Puede ser verdad
Que seas puro metal,
No es verdad,
No es verdad.

Rojo cinabrio

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«Naturaleza muerta con cebollas y botella» de Paul Cézanne
.
ROJO CINABRIO

Cézanne no murió de hambre,
Sed o tristeza.
Tampoco murió
Por un coma diabético; ni siquiera
Se murió de la risa.
Cézanne
No murió de insolación, vergüenza
O falta de espíritu.
Ni siquiera de amor.
Cézanne no murió
Por devorar tantas guindas ácidas
En una sola tarde
Ni por padecer insomnio diurno;
Mucho menos por el deslumbramiento
Del blanco titanio
O por el rostro cenagoso de sus paisanos
(La muerte ni lo impresionaba).
Cézanne no murió de abandono, soledad
O por no tener suficientes bártulos
Que liar para su lenización de lo calcáreo
O por dejar de tener las resmas necesarias
Para el juego de sus manos pigmentadas;
Cézanne no murió por caminar demasiado
O por querer avanzar en demasía
Hacia lo imposible;
Ni siquiera por carecer de casa, calor
O de amigos labriegos.
No murió Cézanne de muerte natural,
Artificial o accidental
(Sabía desmayarse/
Desvanecerse entre los viñedos);
Tampoco por sentir con la percepción;
Tampoco por pensar como el melocotón
(De manera aduraznada ser y ver),
No por abandonarse bajo la lluvia nocturna
Ni por mirar fijamente el infinito
Imperfecto
Ni por debatirse tanto
Entre la angustia y la angustia.
Cézanne jamás murió.
Se la pasó agonizando
Pero nunca murió,
Salvo en la luz y el color
Que son eternas.

(Carlos Oliva ©)

Carlos Oliva (1960-1994), poeta peruano, fundador del grupo poético Neón… Más información aquí.