Refrescador de pantalla

Este es un término que me causó risa y a la vez se anotó un punto a favor de mi autoestima. Surgió así, espontáneamente. En mi reciente viaje fui al teatro con viejos amigos. Uno de ellos me advirtió que un grupo de muchachitas estaba comentando, mientras esperábamos en el lobby, que yo era un «refrescador de pantalla». Me volteé a mirar y comprendí que estos seis pies de estatura y esta «cara bonita» no pasan desapercibidos. Y todavía yo soy capaz de dedicar tiempo a pensar qué hago poniéndome calzoncillos sexys y para qué regalarte un «estriptís». Siempre habrá candidatas deseosas…, modestia aparte.