Silvio Rodríguez, ángel para la trova

Silvio Rodriguez durante un concierto en Barcelona en octubre de 2007 (EFE)

Silvio Rodríguez durante un concierto en Barcelona, octubre de 2007. (EFE)

La trova está de fiesta. Ayer 29 de noviembre, su mayor voz, Silvio Rodríguez, cumplió 62 años. Para festejar la ocasión, les dejo con esta entrevista que aparece en la más reciente edición de La Jiribilla, revista de cultura cubana. Aquí va un fragmento:

¿Cuáles pudieran ser algunos puntos de contacto entre sus canciones y la fotografía?

En la canción puede haber una analogía cuando hablas de la cotidianidad o de una situación extrema, como la guerra o un gran evento humano. En cualquier expresión artística lo excepcional tiene su garra. Pero aunque de todo se pueda hacer una foto, o una canción, el problema siempre va a ser que valga la pena mostrarla.

Cuando hago fotos trato de que mis fotografiados adviertan lo menos posible mi presencia ¿Cómo logra una persona pública como usted pasar desapercibido para lograr una foto?

Hay muchos lugares y situaciones en los que un trovador pasa desapercibido, sobre todo cuando anda sin guitarra. Y como hoy en día no es raro que muchos anden con cámaras, mejor que mejor. De todas formas, cuando te conviertas en un fotógrafo demasiado famoso, te recomiendo el zoom.

Y como es de buena música que estamos hablando, me despido con una de mis canciones favoritas del Maestro, Requiem, en la mítica escalinata de la Universidad de La Habana, en 1985:

Ojalá nunca sepas cuánto amaba
descubrirte los trillos de la entrega
y el secreto esplendor con que esperaba
tu reclamo de amor que ya no llega.
Anda, corre donde debas ir.
Anda, que te espera el porvenir.
Vuela, que los cisnes están vivos,
mi canto está conmigo,
no tengo soledad…

P.S.: Y todavía no sé cómo hay gente que se atreve a decir que la trova se estancó, que todo suena igual, que no es «radio friendly»… Pobre gente que teme erizarse con canciones como esa.

Me haces tanto bien / La química y el amor…

Quiero dedicarte esta entrada a ti, precisamente a ti que tan “bien” te portaste ayer. By the way, si te portas mal, me invitas… Me hiciste tan feliz, confiaste en mí, vas cediendo ante la fuerza de la entrega, te vas familiarizando con la tabla periódica, la química va dejando de ser una asignatura engorrosa… Gracias por querer ser buena estudiante, aunque en cuestiones de amor y sensualidad es mejor dar rienda suelta a la imaginación y la espontaneidad. Gracias por dejar que la química por sí sola haga su parte.

¿Sabes? Las distintas manifestaciones y etapas del amor se corresponden con diferentes sustancias químicas en el cuerpo. Los expertos en la materia han concluido que el deseo ardiente de sexo está unido a la testosterona, mientras que la atracción y el amor en la etapa de euforia, así como el sentirse involucrado emocionalmente, están relacionados con altos niveles de dopamina y norepinefrina y bajos niveles de serotonina. El vínculo y la atracción que evolucionan hacia una relación calmada, duradera y segura tienen que ver con la oxitocina y la vasopresina.

¿Qué te parece? Más adelante te hablaré de los cambios bioquímicos que se producen en el organismo de dos seres humanos cuando quedan “enganchados”, cuando descubren la gran necesidad de interactuar y conocerse más.

Y para que veas lo horny que me pone pensar en ti, te dedico este video, con pelos y señales. De Amistades Peligrosas, Me haces tanto bien:

Enséñame a bajar tu cremallera
Ya sabes dónde voy.
Ya sabes que he pasado la frontera
Arrancando algún botón.
Que tú ya sabes que te pido más madera
Y tú pides más nivel.
Ya sabes cómo mantener mi hoguera
Ya sabes cómo se ahuella mi piel.
Que tú me quemas con la punta de tus dedos.
Tus manos en mi piel.
Me quemo con tu lengua que es de fuego
La sangre hierve, ¿o no lo ves?

P.S. I oxitocine you…

 

 

Love is in the air, love may be a ghost…

Hasta que por fin sucedió. Sucedió el lunes de esta semana, nada más y nada menos que en tu casa. Desde ese día he tratado de agrupar las ideas y plasmarlas aquí, pero demasiado trabajo, compromisos, etc… me lo impidieron. Y no fue solo eso lo que sucedió en estos días. Palabras ha habido. Bellas palabras. Contundentes confesiones. Prisa, deseo por vernos y comernos a besos, temor porque llegaran tus padres y nos sorprendieran con las manos en… la masa…, muchos factores para un lunes. Después llegó el miércoles 23, día en que surgió por fin la idea de noviazgo. Qué feliz estaba, pensé que había conquistado tu corazón, sobre todo después de saber las buenas referencias que habías dado de mí. Y ayer 24, después de un divertido concierto, la consumación, en Hey –sí, lo sé, siniestro y descuidado lugar–, de unas horas de pasión y entrega. Quería besarte hasta la respiración, pero no me diste luz verde y me quedé con las ganas de atropellar tu timidez e inexperiencia. Quería habitarte, sacudirte por la ventana para desterrar tus prejuicios e incertidumbres, quería mostrarte el mejor yo, el ser íntegro que soy, el pedazo de inocente y buena onda que traigo de fábrica…, pero me quedé a mitad de los empeños. No sé para qué estoy hecho, no sé cuáles deben ser los límites de la entrega, no hay patrones, cada caso es un mundo aparte, cada señal tiene su propia interpretación… No hay libretos, no hay ensayos –sí, sé que ya lo dije una vez, y más también–, y a pesar de haber escuchado anoche, o sea, esta madrugada, turbulentas revelaciones, mi espíritu no ha mermado, mi alegría sigue en pie, mis notas trinan por la simple dicha de haberte llegado hondo, bueno, por ahora hasta las rodillas, ojalá pudiera hacer subir la marea e inundarte de éxtasis y escuchar de tus labios «tú eres lo que yo estaba buscando», o «te pareces a lo que yo estaba buscando», o en su defecto «me pareces familiar, ¿no te conozco de un sueño, ese sueño en que yo encontraba lo que estaba buscando?». Por ahora quiero dedicarme a extirpar este temor que desde anoche –perdón, desde esta madrugada– se me quiere sembrar, muy a pesar mío, el temor a ser una nota más en tu agenda, o una parada más en tu itinerario, o un número más en tu celular. Disculpa, corazón, tenía que soltar esto y recordarte que aquí te espero, con brazos de par en par, la sonrisa de oreja a oreja –y sabes que contigo he estrenado sonrisa–, y cada centímetro de mi «ojiverde» geografía para cuando la quieras conocer mejor, hacer tuya, arroparte con ella, darle la forma que se te antoje, escalarla y plantar tu bandera en son de absoluta conquista. Mientras, te dejo con este dulce beso para alebrestar tus sentidos.

P.S. I kiss you.