La frase (144)

"Masses" by Louis Ciphree

“Todos quieren tener amigos y nadie quiere serlo”.
(Denis Diderot)

La frase (142)

"Stevesus" by Forsteiner

“Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición”.
(Steve Jobs, 1955 – 2011)

La frase (121)

"Dangerous" by Viliusm

“Yo digo que no hay quien crezca más allá de lo que vale. Y el tonto que no lo sabe es el que en zancos se apresta”.
(Silvio Rodríguez)

Carta de José Martí a María Mantilla

Martí y María MantillaJosé Martí, el Héroe Nacional de Cuba, murió en combate un día como hoy del año 1895. Sólo tenía 42 años. Ese día en que las balas españolas lo alcanzaron llevaba en el bolsillo de su chaqueta una foto de María Mantilla.

María Mantilla es la protagonista de sentidas y tiernas cartas que escribió el Hombre de la Edad de Oro. Era hija de Carmen Miyares de Mantilla y de Manuel Mantilla Sorzano, matrimonio que tenía una casa de huéspedes donde Martí vivió cuando llegó a Nueva York.

Estas cartas han sido motivo de controversia. Algunos estudiosos de la vida y obra de Martí ven a María Mantilla como su hija y no de Manuel Mantilla. Más allá de la controversia que genera esta parte del epistolario martiano, las cartas dedicadas a María están cargadas de una paternidad espiritual incuestionable y una ternura mayúscula, como si hubiera tenido la certeza de que ya no se volverían a ver.

Como trágica y lírica se puede considerar su última carta a María; podría decirse que se despedía de ella. Aunque la que les dejo a continuación no fue la última, está fechada dos meses antes de morir Martí:

[Cabo Haitiano, marzo de 1895]

Mi María:

¿Y cómo me doblo yo, y me encojo bien, y voy dentro de esta carta, a darte un abrazo? ¿Y cómo te digo esta manera de pensarte, de todos los momentos, muy fina y penosa, que me despierta y que me acuesta, y cada vez te ve con más ternura y luz? No habrá quien más te quiera; y sólo debes querer más que a mí a quien te quiera más que yo.

¿A que de París, de ese París que veremos un día juntos, cuando los hombres me hayan maltratado, y yo te lleve a ver mundo antes de que entres en los peligros de él, a que de París vas a recibir un gran recuerdo mío, por mano de un amigo generoso de Cabo Haitiano, del padre de Rosa Dellundé? Yo voy sembrándote, por donde quiera que voy, para que te sea amiga la vida. Tú, cada vez que veas la noche oscura, o el sol nublado, piensa en mí.

En mi nombre visita a Benjamincito, y a Aurora, y a Mercedes, a quien escribiré antes de salir de aquí, y ve con ella a llevarle flores a mi pobrecita Patria. Que tu madre sienta todos los días el calor de tus brazos. Que no hagas nunca nada que me dé tristeza, o yo no quisiera que tú hicieses. Que te respeten todos, por decorosa y estudiosa. Que entiendas cuánto, cuánto te quiere

Tu

Martí

Y ¿esa oreja de mi leal Ernesto? Le mando un beso, allí donde se le heló, tú se lo das.

Obras Completas, Vol. 20, p. 215. Cotejada con el manuscrito original.