Con la convivencia a cuestas

Cayena.com.do

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Cayena comienza la semana con un interesante artículo de Franz B. Comarazamy, sobre el difícil arte de convivir, un aspecto de la vida de muchas personas que comparten el mismo techo con otras generaciones, pero que en resumidas son la familia.

Aunque en la actualidad tiende a escasear el modelo familiar que reúne a tres generaciones bajo un mismo techo, la convivencia de padres, hijos y nietos es un tema que no pasa de moda. Cuando por alguna razón resulta difícil demostrar respeto y tolerancia a los demás miembros de la familia, surgen los conflictos y el hogar se transforma en un campo de batalla.

Belkis vive con sus padres, sus abuelos, su hermana mayor y sus tres sobrinos. A sus 25 años ha pensado en más de una ocasión emprender camino por su cuenta, lejos del hogar paterno, pero el fruto de su trabajo apenas le da para pagarse los estudios universitarios. Mudarse sola aún no es una opción. No le queda otro remedio que adecuarse a vivir en un apartamento con su numerosa familia, en medio de choques generacionales.

Puedes leer el artículo completo en la sección Planeta Mujer de Cayena.com.do. (Ilustración: Leticia Ceballos)

Cómo vivir en armonía con tu pareja

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Cayena trae en su portada de hoy un interesante arículo de Deidamia Galán ilustrado por Adela Doré. Los invito a leerlo aquí.

Una de las principales causas de problemas o conflictos mayores en la convivencia de pareja, es el hecho de traer consigo expectativas de cómo será esta convivencia, de esperar que todas nuestras tristezas serán borradas al lado de nuestro ser querido o que no tendremos que decir lo que queremos o sentimos, sino que el otro debe intuirlo de forma “mágica”. Es por esto que resulta conveniente conocer profundamente a nuestra pareja y no tener ideas falsas o idealizaciones de lo que será la relación. Es importante entonces, siempre  estar en la disposición de solucionar las diferencias y hablar en todo momento de temas tan delicados y fundamentales como: el dinero, la crianza de los hijos, la relación con la familia, las creencias, las responsabilidades de cada quien, la vida social y laboral, sólo por mencionar algunos.

Hacer concesiones

Dicen que las diferencias de opinión en una pareja pueden ser garantía de duración. Yo no lo dudo, pero no creo que tal garantía esté siempre presente. Hay concesiones y concesiones. Cuando esas concesiones atentan contra la salud de la relación, hay que revisarse. Hasta las parejas más unidas tienen choques imposibles de evitar. ¿Qué decir entonces de las parejas que están en pañales, como nosotros?

Incluso después de años de convivencia, casi todas las parejas discuten por los mismos motivos una y otra vez. Puede parecer frustrante, pero preocuparse por cómo evitar el próximo enfrentamiento no es la mejor solución. Las situaciones hay que afrontarlas, darles la cara y analizar los puntos de vista de ambas partes. No es cuestión de superar esas situaciones, sino aceptar la necesidad de discutir y ventilar cuando sea preciso para suavizar los conflictos y evitar males mayores que puedan conducir a la separación. 

Si no entendemos el concepto de pareja, vamos mal. ¿Pues para qué las personas se juntan, para qué buscan la supuesta alma gemela, la tan llevada y traída media naranja? La pareja es el fruto de la suma de las características de las dos personas. Por eso es tan necesario conocer las manías, vicios, gustos, deseos, aspiraciones, objetivos, temores, traumas y tabúes de nuestra pareja, para saber si podemos tolerar, sobrellevar y convivir con estas características, sin crearle problemas al otro y a nosotros.

¿Pero qué pensar cuando –lejos de avanzar hacia el estado ideal de relación– se acumulan más y más situaciones no resueltas, exigencias, limitaciones, frenos? ¿Cómo sentirme feliz, pleno, realizado…, si a la pared que estoy escalando le pones nuevas líneas de ladrillos y concreto? No me hagas caso a mí, yo puedo estar equivocado. Puedes buscar ayuda profesional, un terapeuta que te hable desde afuera y te arroje luz sobre egoísmos, concesiones, entrega, tolerancia, aceptación, prejuicios, autocensura, trastornos sexuales y todo cuanto se te ocurra. Pero eso sí, no dejes nunca de escuchar a tu corazón, por más cursi que pueda sonar.

P.S. ¿Pensaste que no te iba a agradecer el toque especial de anoche? Gracias, tú sabes cómo volverme loco. Viva el helado de pistacho.