Lluvia + gris + chocolate = hacerte el amor junto a la ventana

El día está para cerrar las puertas del mundo y enclaustrarnos en mi cuarto a devorarnos lentamente mientras la lluvia destila su música sobre los toldos de zinc. Empujarte, así, en cámara lenta contra la pared y desabrochar cada botón y bajar cada zipper que se te ocurra traer… Lo tengo todo muy bien pensado, hasta los chocolates. Desde que empezaron las lluvias hace dos días me has dado pistas de lo que te gustaría hacer conmigo, y yo feliz, preparando el terreno. Quiero que nos atemos los cuerpos con la total libertad del espíritu, la complicidad de las razones, la soltura de dos almas despojadas de temores. En estos días hay poesía en todo, en especial en ti, desde los profundos horizontes de tus ojos inquietos hasta los finos dedos de tus pies que mi saliva quiere humedecer… Hoy quiero imbricarme contigo más allá de lo tangible, la vida nos acostumbra a existir y llega un momento en que dejamos de ver la magia que nos circunda, el latir de un día como el de hoy, gris, que ha puesto su empeño en regalarnos un abrazo denso, como los orgasmos a los que alguien les cantó en alguna canción. No digas nada. Deja que sea yo quien escudriñe los recovecos de tu presencia y te invite al claro de mi bosque y tendidos en la yerba encendamos el fuego de la consumación. Solo faltas tú.

P.S. I got a little surprise for you… Wanna see it?

Casi el fin, la nube y un buen puñado de fe

Antier pudo haber sido el comienzo del fin. Pero algo sucedió que impidió el desenlace que temía al exponerte mi punto de vista. Y cuando te fuiste ese día me quedé pensando si hacía bien en aceptar esta «opción» que propones, pues parece que hasta tanto no vislumbremos una luz al final del túnel, seguiremos caminando sobre arenas movedizas. ¿Y si al final estos intentos son fallidos? ¿Cómo evitar las nubes negras que se me avecinarían? El tiempo dirá. A mí solo me queda dejarme llevar. Pero créeme que ando como en una nube –para hacer referencia a la canción de Álex Ferreira–, con la diferencia de que no estoy sentado, sino en un pie. A la menor sacudida…, caigo. ¿Y quién estará abajo para frenar mi caída? ¿Tú? Sí, es contigo, deja de mirar a los lados y refugiarte en la soledad de tu cuarto… No me arrepiento para nada de las dos noches posteriores y el día entero que vivimos juntos, fueron intensas horas de semiconfabulación y semicomplicidad. No me arrepiento de todo lo que te hice, te disfruté al máximo… Tengo fe en que las migajas se tornarán en abundante cosecha y cada sonrisa vertical tuya me premiará como a un semidios que regresa victorioso de la guerra. ¿Sabes? Te espero. Te espero porque me siento tan cerca de ti que hasta pudiera habitarte, basta con que tu aliento me desvista y sientas las vibraciones de este amor total que resume mi esencia de siglos de búsqueda. No imaginas lo que sentí cuando te vi en el aeropuerto el jueves, fue algo de película, fueron esas ganas que ya conoces de irte arriba o abajo –lo segundo no pudo ser en público, la circunstancia no lo permitió. De pronto te imaginé como una aparición divina y pensé en el amor que revuelca los sentidos y propicia la armonía perfecta, en pleno desafío a algún dios, y la felicidad suprema me pareció pecado. Todo eso pasó por mi mente en los breves minutos del reencuentro.

P.S. Y no hagas como que no leíste, que este post sí es para ti.