Llaman a la puerta… de Pep Bruno

«A Stranger at Your Door» by y3110wjack3tt

LLAMAN A LA PUERTA

Lunes por la tarde.

Estoy escribiendo el cuento para la revista (en papel) de El Decano. Tecleo llaman a la puerta y, literalmente, llaman a la puerta. Me ha subido un escalofrío hasta la nuca que me ha dejado en el sitio. Vuelven a llamar. Me levanto y voy hacia la puerta pensando qué casualidad, qué cosas pasan. Atiendo al señor que ha llamado y que me pide disculpas porque dice que se ha equivocado de casa.

Vuelvo al ordenador, vuelvo al teclado. Paso un rato en silencio pensando qué pasará si escribo de nuevo llaman a la puerta. Pruebo. Y vuelve a suceder: llaman a la puerta.

Es demasiada casualidad para ser casual, me digo. Esto es una broma. Abro la puerta. De nuevo el señor de antes mirándome atónito. Le ruego que me vuelva a disculpar, me dice, pero no sé qué me pasa, de pronto siento una irresistible necesidad de pulsar su timbre. Está bien, le digo, no se apure, es una tarde extraña.

Nos despedimos de nuevo y vuelvo a mi ordenador, a mi teclado. Cierro los ojos, tomo aire, y vuelvo a escribir llaman a la puerta. Antes de que termine la palabra puerta suena el timbre de entrada.

Pego un brinco y voy corriendo a la entrada. El hombre está allí, gimoteando, no sé qué me pasa, me dice, se lo juro, debo estar enfermo pero no puedo dejar de llamar a su timbre. No se apure, le tranquilizo, no sabemos qué pasa esta tarde que, como le dije, es tan extraña.

De nuevo nos despedimos. Ahora, sentado frente al teclado, pienso que tal vez pueda hacer algo bueno por una vez en mi vida, y tecleo: cesan las guerras, las injusticias se resuelven, los que sufren dejan de sufrir, la pertinaz hambruna desaparece, la masacre medioambiental se detiene, las enfermedades terribles se curan, el mundo se hace civilizado y la vida es bella.

Me asomo a la ventana. Espero. No parece que nada cambie en el mundo. Miro en internet a ver si algún conflicto armado, sorpresivamente, ha terminado. Paso unas horas buscando. Pero nada parece cambiar. Está visto que mi poder es muy limitado. Y patético. Vuelvo a teclear llaman a la puerta.

Tomado de Por los caminos de la tierra oral.

Oda a La Habana en su 489 aniversario

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La Habana cumplió el domingo 16 de noviembre, 489 años. No ha dejado de ser esa capital encantadora con el toque místico y ancestral del que se han desprendido la mayoría de las capitales latinoamericanas, víctimas del desmedido afán de desarrollo. La Habana sigue siendo mágica, señorial, majestuosa, capaz de enamorar al más impasible mortal. Basta ver lo que escriben cantores, poetas, soñadores o simples turistas de paso.

SI NO EXISTIERAS

Qué sería de mí si no existieras,
mi ciudad de La Habana.

Si no existieras, mi ciudad de sueño
en claridad y espuma edificada,
qué sería de mí sin tus portales,
tus columnas, tus besos, tus ventanas.

Cuando erré por el mundo ibas conmigo,
eras una canción en mi garganta,
un poco de tu azul en mi camisa,
un amuleto contra la nostalgia.

Y ahora te camino toda entera,
te vivo toda hasta la madrugada,
soy el viento en tus parques y rincones,
soy ese sol que te acaricia el alma.

Ciudad de mis amores en el polvo,
bella ciudad de podredumbre y alas,
en ti nací realmente un mes de enero
cuando golpeó en tu pecho la esperanza.

Qué sería de mí si no existieras,
mi ciudad de La Habana.

(Fayad Jamís, 1984)

La inconfundible Xiomara Laugart canta lo que ya hoy se considera un himno a La Habana. «La negra de la voz de oro» hace estremecer con esta tonada a más de un habanero en el rincón del mundo donde se encuentre.

Hoy mi Habana viste lo mejor
y más coqueta que una flor
abre sus puertas y ventanas.
Ella se ha sentado en el balcón
abanicando la ilusión
de que esta noche sea amada.

Hoy mi Habana espera a un señor
mitad azúcar, mitad sol
con un clavel en la solapa.
Solo sabe que se llama Juan
o mejor dicho, Don San Juan,
dueño de la mitad de su alma.

Dime, corazón, qué debo hacer
con la ternura que adorné
con el collar de la mañana.
Háblame de amor,
que hoy es el día de los dos.
El sentimiento fue a pasear en barca…

Llegue este breve homenaje a La Habana, esa Habana de todos los que habitan en ella y todos los que la habitamos desde la distancia. Te amo y nunca has dejado de hacerme falta.

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P.S.: Esta foto es de agosto de 2008. Al fondo, a mi derecha, el parque Máximo Gómez, con una estatua del Generalísimo. Y vean lo que son las casualidades de la vida, él nació en Baní, República Dominicana, el 18 de noviembre de 1836 y falleció en La Habana el 17 de junio de 1905. Yo también nací un 18 de noviembre y cumplo hoy 36 años. A mi derecha, la entrada de la bahía, con el faro del Morro, uno de los símbolos de la ciudad.