Lo que trajo la cibermarea (3)

La noche de los publívoros

(El evento ha sido pospuesto para 2013)

Publívoro (adj. y s) Una de las múltiples mutaciones del ser humano, que afecta principalmente a jóvenes de entre 18 y 30 años, y los convierte en devoradores de imágenes y sonidos de todo el planeta.

La Noche de los Publívoros festeja 15 años en México y el Teatro Diana será una de las escalas programadas en la celebración. Cinco horas de proyección, más 300 comerciales provenientes de 30 países, regalos, sorpresas y mucha diversión integran el menú esta gran fiesta dedicada al ingenio, la locura y a las mentes libres.

Nunca se supo con precisión de dónde vinieron. Existían especímenes separados, cada uno con la firme convicción de ser el único. De repente, en una noche de primavera de 1981, se juntaron por primera vez en París para un ritual extraño: Le Nuit des Publivores.

Poco a poco aparecieron tribus en varias capitales: Nueva York, Londres, Madrid, Moscú, y poco después invadieron Lisboa, Bruselas, Roma, Copenhague, Hong Kong y Johannesburgo, entre otras. Estaban en todas partes compartiendo durante noches mágicas su obsesión.

En México comenzó el 30 de mayo de 1997, primero como una noche para comunicólogos. Sin embargo, pronto se convirtió en un fenómeno que convocó a todo tipo de público, con 5,320 comerciales y 2,100 horas de proyecciones acumuladas hasta la fecha.

“Cada año el público espera esa noche mágica cuya esencia no se ha limitado a ingerir comerciales sino a compartir emociones, asombrarse frente a la belleza, enojarse contra la injusticia y celebrar la diversidad. Lejos de ser víctima del consumismo los Publívoros se reinventan, se cuestionan, reflexionan”, explica Romaín Greco, productor en México de La Noche de los Publívoros.

El maltrato a mujeres, abuso infantil, alcoholismo y drogadicción, medidas preventivas para el control de VIH/SIDA, educación y cultura vial, problemas de contaminación y su relación con un desarrollo sustentable, calentamiento global y sus consecuencias a futuro, son solo algunos de los temas presentes.

Un bloque de campañas de seguros, publicidad de Coca-Cola de mediados del siglo XX, la influencia de Star Wars en los comerciales, ¿cómo en México se logró anunciar una funeraria?, el comercial más corto de la historia y muchos otros de marcas como Microsoft, Volkswagen, Cadbury, MTV, Axe, Nike y Adidas, por mencionar algunos, aderezan también el programa de una noche donde se puede esperar cualquier cosa.

Tomado del kit de prensa del evento realizado en México en febrero de 2012.

Pargo, los pecados permitidos

Concurso «Imágenes por la Tolerancia»

Ese ser llamado humano

Rosa Montero.

Aunque este escrito de Rosa Montero tiene ya varios años circulando por internet desde su publicación en el periódico El País, su historia es atemporal y su moraleja extraordinaria. Excelente reflexión sobre los prejucios raciales.

EL NEGRO

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja.

De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa.

A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta.

Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo.

Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: «Pero qué chiflados están los europeos».