Una palabra… como epílogo

UNA PALABRA

Una palabra no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
igual que el viento que esconde el agua
como las flores que esconde el lodo.

Una mirada no dice nada
y al mismo tiempo lo dice todo
como la lluvia sobre tu cara
o el viejo mapa de algún tesoro.

Una verdad no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
como una hoguera que no se apaga
como una piedra que nace polvo.

Si un día me faltas no seré nada
y al mismo tiempo lo seré todo
porque en tus ojos están mis alas
y está la orilla donde me ahogo,
porque en tus ojos están mis alas
y está la orilla donde me ahogo.

Y con esta sencilla y a la vez profunda canción de uno de mis cantaurores favoritos, Carlos Varela, me despido. Fueron dos meses y medio de locura, arrebato, alegrías, tristezas, incertidumbres, descubrimientos, encontronazos, conquistas, derrotas y muchísimas sensaciones más. Fue una interesante y enriquecedora experiencia saber que personas ajenas, distantes y desconocidas se estremecieron con lo que escribí.

Si en algún momento le hice la vida un poquito más feliz a alguien, enhorabuena; si, por el contrario, removí espinas y heridas, lo siento, mi más sincero perdón. De cualquir manera, un abrazo, un abrazo desde donde nacen estas palabras que no dicen nada y al mismo tiempo lo dicen todo…

Me marcho con mi música y mi verdad a otra parte, mi verdad que no dice nada pero al mismo tiempo lo esconde todo, como esta hoguera que no se apaga, como esta piedra que rodó rumbo al éxtasis y extravió la ruta de los abrazos soñados.

Agradecido.

Adrian R. Morales

Life is short!
Break the rules,
Forgive quickly,
Kiss slowly, Love truly,
Laugh uncontrollably,
And never regret anything that made you smile!

Coherencia

coherencia.

(Del lat. cohaerentĭa).

1. f. Conexión, relación o unión de unas cosas con otras.

2. f. Actitud lógica y consecuente con una posición anterior. Lo hago por coherencia con mis principios.

coherencia

Fuente: Diccionario de la Real Academia Española.
(Ilustración: John7 Doe7
)

coherencia

“Te quiero, pero no te lo repito”

Hace dos días me miraste fijamente y me dijiste “te quiero de verdad, yo te quiero mucho…” Esas palabras me conmovieron, fueron como ir por el desierto y encontrar un oasis en el momento menos pensado o tal vez cuando más lo necesitaba. Pero ayer te pregunté algo que no había entendido, de otro tema de conversación X, y me recalcaste que no te gusta repetir las cosas 500 veces.

Entonces puedo asumir que no me dices “te quiero” todos los días o al menos una vez a la semana porque no te gusta repetir las cosas. Vaya, qué práctica eres. Y yo sé que me quieres, eso no lo he puesto más en duda, aunque la relación sea un tanto estéril en materia de poesía, magia y romanticismo.

Y ahora se le van sumando otras carencias, ausencias cada vez más notables, como la intimidad. Casi 15 días sin jugar “quimbumbia”… Pero no voy a tocar ese tema, tus razones tendrás para no aprovechar los momentos en que estamos solos –que son muchos–, para no buscar la manera de desvestirnos y estar aunque sean 15, 20 y hasta 30 minutos en ese lecho (qué literario sonó eso) que extraña tu presencia (tu presencia activa y no durmiéndote), ya sea arriba, abajo, al lado, de cabeza, todo depende de la circunstancia.

No entiendo cómo, si estamos en la era del calentamiento global, mi sol no logra derretir tus témpanos, mis rayos no acaban de desempañar tus sentidos. Yo sé que el del problema no soy yo, de eso me convencí hace mucho, pero a veces tú no te dejas ayudar, no te dejas guiar, te resistes a contar conmigo. Y pronto serán tres meses… ¿No crees que ya ha transcurrido un tiempo prudencial…? Es tiempo de ir aterrizando, creo. Y no lo veas como una exigencia. Pienso que puedes llevar todas tus responsabilidades a la vez y con entusiasmo. ¿Acaso no es el amor un motivo para ver la vida de otro color e imprimirle más energía a lo que hacemos?

Sí, tómalo como una amonestación pública, como las que tanto me has reprochado, pero quién sabe si así pueda conducirte a los fetiches y podamos jugar a la “escuelita”. ¿Te sumas, te multiplicas?

P.S.: Yo sí te quiero, y no me pesa repetírtelo 500 y/o 1,500 veces. Y te sigo esperando…, en la parada de la Bolívar, en el segundo piso de aquellos chocolates, en el cuerpo del delito, en aquel lugar demasiado público donde te atreviste a hacer algo demasiado atrevido… Hasta podría esperar a que dejes de ser oruga.