La frase (9)

“Piensa, cree, sueña y atrévete”. (Walt Disney)

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Love hurts

A veces tenemos miedo a querer, a implicarnos demasiado. De los dolores del mundo, los del alma y el espíritu son extremadamente molestos, sobre todo los que causa amar a alguien y no ser correspondidos. No sé si pensar que es una ley de la vida tener que conocer a unas cuantas personas equivocadas antes de encontrar la media naranja, para que cuando por fin ella llegue seamos capaces de agradecer semejante regalo. 

Más de una vez hemos conocido a una persona que creemos significa todo y luego descubrimos que no era para nosotros y hay que dejarla ir. A veces ni sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Nos cuesta mirar en otra dirección cuando la puerta de la felicidad se cerró y no vemos la nueva puerta que se abrió delante de nuestras narices. Ahí es cuando caemos en cuenta de que no sabíamos lo que nos estábamos perdiendo…

También es triste entregarse por completo y vivir con la incertudumbre de si seremos correspondidos o no. Por eso es mejor no esperar a que nos correspondan, solo dejar que el amor crezca en el corazón de la otra persona y ser feliz porque ya floreció en el nuestro. En ocasiones nos morimos por escuchar ciertas cosas, frases, palabras, confesiones de la persona que nos ha robado el corazón, y en lo que esperamos eso, se aparece alguien que las dice con sentimiento. Cuántas contradicciones tiene la vida.

Lo importante es no darse por vencido. Hay que seguir luchando. Jamás debemos decirle a una persona que ya no la amamos si no podemos dejarla ir. El amor es un premio para quien sabe esperar, aun cuando hayamos sufrido decepciones, nos hayan magullado el alma y traicionado de la peor manera. Fe, confianza y valor son tres ingredientes que debemos abrazar hasta el final. 

Si la gente supiera el poder que tiene una sonrisa… Una sonrisa, aunque no sea de oreja a oreja, puede cambiarle el día –y la noche, todo depende de la circunstancia– a cualquiera. Y una simple caricia cargada de ternura…, no tiene comparación. Uno de los principios del amor debe ser aceptar a la otra persona como es, que sea ella misma, y no tratar de cambiarla a nuestro antojo, como un reflejo de nuestra propia imagen. Tampoco debemos dejarnos llevar por la apariencia física, eso quedó muy claro si lo que estamos buscando es la relación de por vida. 

Dijo Benjamin Franklin que la felicidad no se logra con grandes golpes de suerte –que a veces ocurren–, sino con pequeñas cosas que suceden todos los días. Aquellos que esperan, que lloran, que buscan, que tratan…, esos van a ser felices, pues saben apreciar la importancia de las personas que han tocado sus vidas. Ellos van a encontrar a la persona que les haga sonreir, que les acaricie tiernamente, el complemento, la otra mitad, alma gemela, o como se haga llamar a ese ser especial que un buen día se aparece donde menos imaginamos: en el aula vecina, en el supermercado, en el cine, en un bar, en un concierto, en una actividad del trabajo, en un ascensor –o descensor, todo depende de la circunstancia–, y hasta en una red social de internet.

Cuando encuentres a esa persona, abrázala con todas tus fuerzas, apriétala tanto hasta que la dejes sin aliento y traspásale tus mejores energías, hazla sentir como si ella fuera toda la humanidad en un solo cuerpo, aplica eso que tanto dicen por ahí: para el mundo eres alguien pero para alguien eres el mundo… No te cohibas, aprovecha esta vida, que aunque dicen que no es la única, después no recordaremos prácticamente nada si volvemos. No dejes pasar de lado lo que puede ser auténtico e irrepetible, ese alguien que puede mantenerte humano y demostrar estar dispuesto a construir la felicidad contigo.

P.S.