Refrescador de pantalla

Este es un término que me causó risa y a la vez se anotó un punto a favor de mi autoestima. Surgió así, espontáneamente. En mi reciente viaje fui al teatro con viejos amigos. Uno de ellos me advirtió que un grupo de muchachitas estaba comentando, mientras esperábamos en el lobby, que yo era un “refrescador de pantalla”. Me volteé a mirar y comprendí que estos seis pies de estatura y esta “cara bonita” no pasan desapercibidos. Y todavía yo soy capaz de dedicar tiempo a pensar qué hago poniéndome calzoncillos sexys y para qué regalarte un “estriptís”. Siempre habrá candidatas deseosas…, modestia aparte.

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¿Rostro equivocado?

Hoy no me he atrevido a escuchar ninguna canción de amor, hoy todo se ha impregnado de ti, hasta mi ropa… Me desarmas con palabras y conjeturas que se me clavan como dardos, con revelaciones que ensombrecen mi semblante. Mi semblante, la gran revelación… Claro, abajo la censura. Podemos decirnos cualquier cosa. De acuerdo. Pero desde aquella madrugada me he quedado con una idea en la cabeza. Fue intrigantemente chocante escucharte decir que lo que más te gusta de mí es… mi cara. Aun así, gracias por la dosis de halago que encierra esa confesión.

Eso me hace pensar ahora que la situación es más complicada de lo que parecía. Es inquietante para mí vivir con la eterna duda de no saber si no sientes otra atracción por alguna otra región geográfica de “tu abrazador”, si la llama de la pasión se encenderá en ti alguna vez, si nunca te darás cuenta de que soy un amante desenfrenado y que privarme de esa sana fuente de placer es ponerme una pistola en la sien… A propósito, no soy un depravado ni obsesivo con ciertas zonas de tu cuerpo, ni determinadas técnicas amatorias, ni mucho menos me paso el santo día pensando en eso. Te estás llevando una imagen distorsionada de mí. Es tu desgano y apatía –por decirlo de alguna manera– los que habría que poner en tela de juicio.

¿Para qué tantos tabués, prejuicios…? Entre cuatro paredes, o en el baño, nadie sabe lo que hacemos, que no es malo, al contrario, es dar rienda suelta a la capacidad erótica humana de dar y recibir placer, que para eso estamos hechos. Tienes que asimilar que todo se complementa. Yo sé que la vida sexual no es solamente la genitalidad, el proceso también involucra relaciones afectivo-sexuales, sensaciones de placer, físicas y síquicas que elevan al ser humano, lo hacen pleno. Pero como estamos en diferentes niveles de enamoramiento, los puntos de vista difieren.

¿Qué puedo hacer? Dime tú. ¿Cuánto más se puede resistir, no enloquecer? ¿Qué quieres de mí? Hoy necesito un abrazo, pero un abrazo que me llegue al tuétano y me derrita las ganas de evaporarme…