Cuando callas…

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Y esa boquita que me pones, ex profeso y no ex profeso, invitando a la mordida… Ay, Dios, ¿cómo no irte arriba, o abajo –todo depende de la circunstancia–, o morder suavemente ese labio sobresaliente como una uva? Me gustas cuando callas y me miras, y sé que no estás ausente porque adivino lo que estás pensando… Y mi voz te toca y te acaricia –la bembita y lo que no es la bembita–, te susurra locuras, tremendas locuras, en ese lenguaje en que hablan los amantes. Me gustas cuando callas y te detienes a mirarme y te posas en mi boca por la que se escurre una sonrisa furtiva, esa sonrisa que inauguraste y a la que le debo parte de esta resurrección… Hoy quiero decirte tantas cosas, pero la más urgente es que quiero ser tu refugio de sensaciones.

P.S. I bite you…