Love is in the air, love may be a ghost…

Hasta que por fin sucedió. Sucedió el lunes de esta semana, nada más y nada menos que en tu casa. Desde ese día he tratado de agrupar las ideas y plasmarlas aquí, pero demasiado trabajo, compromisos, etc… me lo impidieron. Y no fue solo eso lo que sucedió en estos días. Palabras ha habido. Bellas palabras. Contundentes confesiones. Prisa, deseo por vernos y comernos a besos, temor porque llegaran tus padres y nos sorprendieran con las manos en… la masa…, muchos factores para un lunes. Después llegó el miércoles 23, día en que surgió por fin la idea de noviazgo. Qué feliz estaba, pensé que había conquistado tu corazón, sobre todo después de saber las buenas referencias que habías dado de mí. Y ayer 24, después de un divertido concierto, la consumación, en Hey –sí, lo sé, siniestro y descuidado lugar–, de unas horas de pasión y entrega. Quería besarte hasta la respiración, pero no me diste luz verde y me quedé con las ganas de atropellar tu timidez e inexperiencia. Quería habitarte, sacudirte por la ventana para desterrar tus prejuicios e incertidumbres, quería mostrarte el mejor yo, el ser íntegro que soy, el pedazo de inocente y buena onda que traigo de fábrica…, pero me quedé a mitad de los empeños. No sé para qué estoy hecho, no sé cuáles deben ser los límites de la entrega, no hay patrones, cada caso es un mundo aparte, cada señal tiene su propia interpretación… No hay libretos, no hay ensayos –sí, sé que ya lo dije una vez, y más también–, y a pesar de haber escuchado anoche, o sea, esta madrugada, turbulentas revelaciones, mi espíritu no ha mermado, mi alegría sigue en pie, mis notas trinan por la simple dicha de haberte llegado hondo, bueno, por ahora hasta las rodillas, ojalá pudiera hacer subir la marea e inundarte de éxtasis y escuchar de tus labios “tú eres lo que yo estaba buscando”, o “te pareces a lo que yo estaba buscando”, o en su defecto “me pareces familiar, ¿no te conozco de un sueño, ese sueño en que yo encontraba lo que estaba buscando?”. Por ahora quiero dedicarme a extirpar este temor que desde anoche –perdón, desde esta madrugada– se me quiere sembrar, muy a pesar mío, el temor a ser una nota más en tu agenda, o una parada más en tu itinerario, o un número más en tu celular. Disculpa, corazón, tenía que soltar esto y recordarte que aquí te espero, con brazos de par en par, la sonrisa de oreja a oreja –y sabes que contigo he estrenado sonrisa–, y cada centímetro de mi “ojiverde” geografía para cuando la quieras conocer mejor, hacer tuya, arroparte con ella, darle la forma que se te antoje, escalarla y plantar tu bandera en son de absoluta conquista. Mientras, te dejo con este dulce beso para alebrestar tus sentidos.

P.S. I kiss you.

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Acerca de Adrian Morales
Editor, periodista, escritor, corrector de estilo. Encantador... de serpientes.

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