Más palabras precisas…

Sé que el momento era complicado. Eso no lo leí ni lo escuché en ningún lado, por si acaso… Y sé de los riesgos de llegar a tu vida en un momento así. Pero preferí asumir el reto. Porque vale la pena…, creo. Porque vales la pena…, estoy seguro. Porque hay material del bueno de por medio. Porque tu luz se me prendió en los ojos al mirarme por primera vez aquel jueves mágico cuando la esperanza mostró su rostro más amable y me abrió su puerta.

Hace muy poco que te conozco, lo sé. Hoy se cumplen 11 días. Pero no hace falta más tiempo para saber que dulces notas habitan en ti. Fue como conocerte desde siempre, desde antes. ¿Acaso en otra vida? Tal vez no estoy listo para acercarme, pero cómo no hacerlo si a tu lado todo es hermoso… Es como volver a nacer, redescubrirme, asomarme a otra dimensión. No me pidas resistirme a tu magnetismo, ya es tarde, las fuerzas echaron a andar y no las puedo detener, no las quiero detener.

Sé que aun es pronto para expectativas. Y créeme que estoy yendo despacio, tal como me lo pediste. Si hoy lees este post, te darás cuenta de que lucho por no apresurarme, por cumplir con la palabra acordada y dejar que poco a poco yo me vaya adentrando en ti, como un mar que conquista cauces abandonados. (Pero espero que todavía no lo leas, no es tiempo aun).

No me pidas que te explique por qué siento esto por ti, ya te lo he dejado ver. A pesar de medirme para no irte arriba, o abajo, todo depende de la circunstancia…, sigo pendiente de tus movimientos, trato de adivinar los contornos de tus pensamientos, tus próximos pasos. Velo tu sueño, me transformo en enfermero, anhelo anidar tu sexo, poblar tus surcos y encrucijadas con besos… Así de simple, así de sublime.

Y ya, no digo más… Palabras ha habido.

Un poeta, dos poemas

Ballagas en dos tiempos podría titularse este post. Pero en realidad no se trata de Emilio Ballagas, una de las voces más líricas de la poesía cubana e hispanoamericana. Se trata de mí, de dos estados de ánimo vistos a través de dos grandes poemas. El primero, Nocturno, refleja cómo me sentía hace meses. El segundo, Poema impaciente, es mi sentir en estos últimos días; claro, me siento con más euforia pero igual de impaciente. Aquí van:

Nocturno

De pronto me he quedado como una rama sola
en espera del fruto y de la dulce hoja,
como un desierto, como un libro
olvidado en el polvo, como una silla rota.

La sombra del abismo de los no bautizados
invade mi cabeza de una ceniza fría.
Estoy entre icebergs y barcos encallados,
entre máscaras viejas y frases sin sentido.

De pronto me he quedado como una rama sola
en un país de otoño perpetuo y angustiado,
como una isla de sal o un pájaro de nieve,
como un balcón sin rosas y una calle sin gente.

Han venido murciélagos, turbios niños de cieno,
oscilantes recuerdos como un suelo que cede
a la presión del pie… Fosforescencias mudas,
paraguas, esqueletos y no sé qué otras cosas…

De pronto me han cegado los ríos que yo amo,
me han talado los árboles y amputado los sueños.
¿Qué vuelo torpe, qué ala de espinas y membrana
va creciendo en mi pecho y me apaga las sienes?

Se llevaron los rostros y las cálidas manos,
las niñas con sandalias, los alegres muchachos
cuyas camisas se hinchan de viento y de hermosura
como velas de barcos, cuando van en patines…

De pronto me he sentido como un pozo sin fondo,
con un gusto muy triste de botella vacía,
esperando el amor del agua y sus estrellas,
la entrega de las nubes, el secreto del cielo.

Vendrán lámparas graves, realidad, ademanes
caras familiares… puentes hacia la vida.
Habrán de devolverme al reino de las formas
del llanto y de la risa, de los perros ladrando…

Aquí mi rama espera el brote de su alondra,
la humedad de la hoja y el fruto madurando:
¡Oh! venid, voces vivas, luces y voluntades,
corroboradme el mundo, la verdad, los paisajes.

Poema impaciente

¿Y si llegas tarde,
Cuando mi boca tenga
Sabor seco a cenizas,
A tierras amargas?

¿Y si llegaras cuando
La tierra removida y oscura (ciega, muerta)
Llueva sobre mis ojos,
Y desterrado de la luz del mundo
Te busque en la luz mía,
En la luz interior que yo creyera
Tener fluyendo en mí?

(Cuando tal vez descubra
Que nunca tuve luz
Y marche a tientas dentro de mí mismo,
Como un ciego que tropieza a cada paso
Con recuerdos que hieren como cardos.)

¿Y si llegaras cuando ya el hastío
Ata y venda y las manos;
Cuando no pueda abrir los brazos
Y cerrarlos después como las valvas
De una concha amorosa que defiende
Su misterio, su carne, su secreto;
Cuando no pueda oír abrirse
La rosa de tu beso ni tocarla
(Tacto mío marchito entre la tierra yerta)
Ni sentir que me nace otro perfume
Que le responda al tuyo,
Ni enseñar a tus rosas
El color de mis rosas?

¿Y si llegaras tarde
Y encontraras tan sólo
Las cenizas heladas de la espera?

Emilio Ballagas (Camagüey, 1908 – La Habana, 1954), pertenece a la llamada segunda generación republicana, y conforma junto a su coterráneo Nicolás Guillén y a Eugenio Florit la tríada de poetas más representativos de la misma. Ballagas se inicia a la creación poética bajo la influencia de los diferentes ismos de la vanguardia artística. Sus primeros poemas y libros evidencian estas huellas aunque desde el comienzo mismo puede verse en su quehacer y preocupación estética la impronta de un auténtico poeta. Júbilo y fuga (1931) resuelve en acertada combinación los influjos de la poesía pura de que fuera máximo exponente Mariano Brull (Camagüey, 1891– La Habana, 1956) y los de la vanguardia en general. Ballagas transitó asimismo la poesía llamada negrista con un genuino sentir de poeta que no se atiene a lo meramente externo, como bien muestra su Cuaderno de poesía negra (1934). Sabor eterno, (1939) marca indudablemente el momento de pleno dominio técnico de Ballagas que se confirma en sus siguientes entregas. Además de su poesía, Ballagas es asimismo el autor de numerosos trabajos ensayísticos en prosa sobre temas literarios, y en particular acerca de la poesía